Crónica de un domingo de futbol llanero

Por Carlos Alberto Ávila Peña

Foto principal obtenida desde futbol-llanero.blogspot.mx

Uno de mis primeros escritos, una de fallida que sin embargo tal como cuando la escribí me sigue divirtiendo cada vez que la releo. Está basada en experiencias personales de mi niñez, directas e indirectas.

Particularmente a los que nos gusta el , muchos jugamos en equipos infantiles y juveniles, en canchas de tierra, a los que mejor les fue, en canchas con hierba crecida y nos tocó ver en mayor o menor medida muchas de las situaciones relatadas.

Espero les divierta.

*Todos los personajes y situaciones son ficticios, producto de la mente del autor, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

 

Crónica de un domingo de futbol llanero

 

Un Domingo de junio de milnovecientos y tantos…

Me he molestado porque me han levantado muy temprano, 7 AM. Día en que pude haber dormido más tarde, hasta que llega “El Memo”, a gritar a las afueras de la casa. Gritos largos, graves y molestos pronuncian mi nombre, junto con algunas risotadas que no me parecían familiares. Ni ganas de bañarse dan, es muy temprano para ser día de descanso, sólo alcanzo a lavarme la cara y los dientes, ante la presión ejercida desde afuera, a pesar, de los constantes avisos de salida de mi casa.

     7:14. El “carnalillo” del Memo juega las semifinales del torneo “ Champions League ”, que es para jugadores no mayores de 17 años, en la liga de “Pachín”, dueño de la misma; Pepillo, un güero él, muy flaco, con los dientes considerablemente grandes y un poco salidos, de cabello lacio todo hacia abajo, como niño de primaria sin peinar. Es el hermano menor de Memo, apenas tiene 15 años; ocho días antes, por motivo de su cumpleaños, sus amigos lo habían puesto borracho con pura cerveza y mezcal; vomitó a la entrada del cuarto de su madre cuando lo llevaban a dormir. En el equipo, su posición: “medio creativo” y pieza clave en el “esquema táctico”, según dice, su entrenador, Don Rodrigo, mejor conocido como el “Donuts”, por lo gordo, vecino famoso célebremente por su viejo ritual de echarse enormes, largas y sonoras flatulencias todas las mañanas frente al portón de su casa.

     7:47. Rumbo a la cancha, vamos acompañados del entrenador y los compañeros de equipo de Pepillo, puro morro en plena pubertad, cuyos juegos se tornan rudos entre ellos, con golpes, patadas y zapes. Vamos llegando a la cancha de futbol, ligeramente tarde, debido a los constantes retrasos de Pepe y sus cuates. El terreno de juego es solamente tierra con unas casi invisibles líneas de cal, las porterías cuentan con redes viejas y caídas con grandes orificios en ella, el terreno de juego es inestable, con muchos desniveles y hoyos. Los muchachos comienzan a vestirse con su uniforme, todo el conjunto es rojo con vivos blancos, los escudos medio legibles y letras pegadas; a pesar de que se hacen llamar Bayer Munich, visten un viejo uniforme del AC Milán y se ve que la calidad del uniforme no es muy buena.

     El Bayer Munich, equipo de Pepillo, se enfrentarían a Los Cariocas, cuya estrella lleva por nombre de pila, Odín; hijo de un policia municipal, es un chavo güerito, apenas sobrepasa 1 metro y medio de altura aproximadamente, cabello corto tapa plana de tipo militar, con hartas pecas en la cara y con ojos de color claro, aparenta ser un tipo rudísimo y el más malo en toda la cancha… se rumora que es cachirul… El color del uniforme de Los Cariocas, lleva amarillo en la playera y medias, como verde en el short; la playera es patrocinada por una vieja heladería local, que está al borde de la quiebra. La porra del equipo contrario es numerosa y muy escandalosa, llevan banderas, matracas y pancartas apoyando a los jugadores favoritos de esa escuadra.

     8:00. Inicia el primer tiempo, sacando la bola Los Cariocas, buscan en seguida a la estrella del equipo: Odín. Éste, trata de burlar a la defensa, su estilo de juego es “caracolero”, “gambetero” y habilidoso. Apenas está calentándose el partido; jugadores pierden la bola, otros la pasan rápido, los delanteros buscan el “desborde”. Han transcurrido ya 15 minutos sin que haya acontecido algo interesante, sólo puros pases en la mitad de la cancha, balonazos, barridas, intentos a la  ofensiva de ambos equipos que derivan en jugadas defensivas.

     Me encuentro mirando el partido, rodeado de vendedores de raspados, chicharrones, refrescos, y hasta tacos de canasta; el terreno está dividido en 4 campos, en el 4 se disputa el partido que se suponía estaba mirando, pero el aburrimiento era tal, que preferí mirar el panorama. Han pasado ya 35 minutos del primer tiempo cuando Bayer, casi acierta en meter un gol, a pase de Pepillo a su compañero Raúl, delantero gordo y alto, cuya movilidad es casi nula, un tronco en el argot futbolístico, pero que supo arreglárselas para hacer una jugada de peligro, provocando la exclamación popular de sorpresa y alivio instantes después.

     8:41. Centro del campo, Pepillo, pieza clave del equipo, no ha resultado ser tan “pieza” ni tan “clave”, pues apenas ha tocado el balón, debido a la fuerte presión que ha recibido por parte de la defensa contraria llevándose algunas series de patadas. Transcurre el tiempo y casi llegamos al fin de la primera mitad y se va poniendo más emocionante la competencia, aunque al mismo tiempo, se está tornando un poco más rudo el desarrollo del juego. Odín comienza a desesperarse, insultando a algunos jugadores contrarios; reclama al árbitro y a sus compañeros por no hacer lo que a él le parece lo correcto; simula faltas, se deja caer en el área de penalti y dice muchas, muchas groserías.

     8:47. Termina el primer tiempo, con los jugadores de Los Cariocas enojados con el árbitro y entre ellos. Algunos roces se han desatado entre defensas y delanteros contrarios. En la junta del descanso, el tema principal es recordar algunas jugadas del tiempo ya transcurrido, tratando de explicar el por qué de los errores y falta de comunicación. Don Rodrigo alias el Donuts, les da indicaciones a sus jugadores y explica estrategias, pero dados los resultados de la primera mitad, no ha resultado ni más motivador ni más estratega, puesto que ninguno de sus jugadores le hace caso, es sólo un espectador más.

     9:02. Inicia el segundo tiempo con Pepillo conduciendo el balón; su estilo de juego es distinto al de Odín, más pausado, más sereno y no tan alocado, es más considerado con sus compañeros y no acapara el control del balón como la estrella del equipo contrario; tocando la bola, Bayer avanza, los rivales no han podido recuperar la misma; en una descolgada la defensa de Cariocas ha sido superada, y gran jugada individual dentro del área logra que por fin, llegue el gol de Bayer al minuto 53… Gran festejo se manifiesta en el equipo; los seguidores del Cariocas, mudos ante el acontecimiento… Odín, hace berrinche.

     9:11. Ahora la atención se revierte en Pepe, quien cuida el esférico, trata de no perderlo, acarrea la bola para que los rivales no tengan oportunidad del empate; pase aquí, pase allá, así transcurren casi todos los 37 minutos restantes del segundo tiempo. Odín, dada la desesperación y la ineficacia de sus egoístas jugadas individuales, se dedica a repartir patadas e insultos, algunos de sus compañeros le imitan. Y se consolida un ambiente tenso.

     Minuto 85, zancadilla en el área de Bayer: ¡Penal! El jugador afectado, no se levanta, y comienza una serie de empujones entre los equipos. Pepe y algunos de sus compañeros tratan de calmar a todos, aunque Odín solo amenaza e increpa. El árbitro, que había mantenido el control del juego, comienza a perderlo debido a las incontrolables acciones violentas de Los Cariocas y su porra, aunque jugadores de Bayer no se han comportado como blancas palomas, pero sí menos violentos que los contrarios.

     Odín se impone en la ejecución del penalti, después de una acalorada discusión entre él y sus compañeros, resultando molestos algunos. En su rostro se refleja coraje y parecería que hasta odio. Acomoda el balón en el manchón, toma mucho “vuelo”, mira fijamente el esférico; respiración exaltada, el odio no cesa… pita el árbitro… arranca Odín, patea el esférico con mucha furia soltando un grito de fuerza, ¡Arrh!¡La volóoo! Algunos de sus compañeros se desvanecen, otros levantan su brazo derecho en señal de insulto a su progenitora, la porra se decepciona… Odín hace más berrinche…

     9:45. Saque de meta para Bayer, y sólo se dedican a pasear el balón, se dedican a perder el tiempo del contrario… quedan 2 minutos de juego. Los de amarillo se desesperan más… patean, insultan y empujan, signo de su frustración; la estrella Carioca, es el más arrebatado, rijoso y acelerado… ¡patada artera! Se arma la “melé”, Cariocas tiene ánimos de pelea, total, no tienen nada que perder.

     9:47. Minuto 90. Se cumple el tiempo reglamentario, a espera del silbatazo final y gracias a un manotazo de Odín al portero posterior a una serie de amenazas y fuertes insultos, se desata la campal… patadas voladoras, golpes en las espaldas, karatazos, puñetes, cachetadas, etc. Surtido rico entre ambos bandos; azuzados por el papá del “Peritos”, uno de los compañeros de Odín, (señor que estuvo incitando a su hijo durante todo el juego a “partirles su madre” a los contrarios) la porra Carioca se mete al terreno de juego y hasta las “doñitas” madres de familia, buscan los cabellos de los jugadores de Bayer…

     Memo, se calienta al ver tremendo cachetadón a su hermanito y me incita a meterme a la bronca, que se desarrolla de manera violenta… En una pelea de adolescentes la idea de meterme no me parecía nada correcta y mientras busco las palabras para decir a mi cuate que no, que lo mejor era separar, el enfrentamiento se va esparciendo.

     9:55. Hay sangre, banderazos, hematomas y niños llorando por todos lados, los demás juegos en los campos 1,2 y 3 están suspendidos a causa del gran espectáculo proporcionado en el campo 4. El partido que ya tendría que haber terminado se extendió algunos minutos más, pero a partir de la bronca juvenil el “albitro” decide esperar en una de las orillas del campo… la “bolita violenta” se disipa y varias persecuciones se han distribuido a lo largo del campo y hasta en la calle…

     10:20. Regreso sólo a mi casa, debido al extravío de varios miembros del Bayer, entre ellos Memo y su hermano, después de haber sido perseguidos varias cuadras cercanas a los campos.

     El martes posterior a ese domingo del partido y del espectáculo de un par de decenas de “Brus Lee’s”, me encontré a Memo con collarín, la nariz desviada, un ojo morado y el otro con una espantoso derrame ocular, y me platica el resultado del juego derivado del informe arbitral: 7 expulsados, 9 amonestados; El equipo de Los Cariocas suspendido definitivamente de la liga y Bayer suspendido un año; además, 1 cuello luxado, 1 nariz rota, 4 descalabrados; como 25 hematomas; cientos de patadas, miles de puñetazos, 6 “corretizas” 1 perro pateado, 5 niños espantados, una madrecita desmayada, una tienda de abarrotes invadida y una mezcla de risa con culpa de mi parte ese domingo, en el cual no quería levantarme de la cama…

 

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