Juanito Farías y la crisis en su caballo de palo

Por Carlos Alberto Ávila Peña

Éste artículo lo escribí en el año 2015 para otro sitio de carácter académico el cual no prosperó. Sin embargo me sigue pareciendo vigente. Lo rescaté para compartirlo en éste espacio.

y la crisis en su

Era el año 1982, septiembre; en plena recta final del gobierno de José López Portillo, la nación colapsaba. El desempleo estaba a la orden del día, el peso era destruido por un dólar cada vez más poderoso y el entusiasmo petrolero se diluía entre los dedos de la nación al desvanecerse la ilusión que nos vendió el Estado Mexicano con el descubrimiento de enormes yacimientos en las costas del Golfo de México. Lo que pintaba una era de autosuficiencia económica se convirtió en la introducción paulatina del neoliberalismo que arrancaría con el próximo mandatario, Miguel de la Madrid.

Como un fenómeno de la cultura de masas y ante la aparente estabilidad y crecimiento económico simulado por el Estado, la fue ganando un terreno cada vez más amplio en el gusto del público. Para 1982 la televisión ya estaba más que consolidada como el medio masivo de difusión más importante en México, desplazando a la radio a un segundo plano. Prácticamente toda expresión cultural y comunicativa tendría que aparecer en la pantalla chica.

Los sueños de millones de personas se veían cristalizados a través de las pantallas en millones de hogares. Podría faltar la leche, el pan, la tortilla, pero para muchas familias el aparato de recepción televisiva vendría a tratar de sustituir esas carencias mientras se eche a volar la imaginación.

Jacobo Zabludowsky, Xavier López “Chabelo”, Paco Malgesto, Luis Manuel Pelayo, Ángel Fernández, , entre muchos otros conductores, cantantes, actores y actrices inundaban el cristal todos los días en esos tiempos. Éste último protagonizó durante largo tiempo un programa de revista musical llamado “Siempre en Domingo” y era uno de los conductores estrella de , empresa propiedad de Emilio Azcárraga Milmo, “el soldado del ”.

Todos los programas con contenido musical eran encabezados por Raúl Velasco, alcanzando gran popularidad internacional; entre la variada oferta musical televisiva de la empresa de San Ángel, además del programa de los domingos, se encontraban “Valores Juveniles”, “Festival OTI”, “Festival Acapulco”, “ ”, entre otros.

En el caso de “ Juguemos a cantar ”, organizado por  Televisa y la disquera Musart por vez primera en el año 1982, se trató del primer festival de canción infantil de enorme trascendencia en América Latina; espectáculo que obtuvo gran popularidad en su primera versión hasta  la última en 1984. Durante la primera versión se suscitó un episodio que, aparentemente podría pasar inadvertido pero que quizá, sea uno de los episodios más controvertidos en la historia de la televisión mexicana.

Entre los diferentes concursantes infantiles, por su impacto mediático, destacaron dos: , chico oriundo del estado de Texas en los Estados Unidos, proveniente de una familia con notable influencia en el medio artístico y ganador absoluto de dicho concurso  y Juanito Farías, quien posteriormente sería conocido como “ el ”.

Juanito Farías participaría con una canción llamada “ Caballo de palo ” escrita y compuesta por Omar Alfaro. Dicha canción trama sobre la tristeza en el corazón de un niño al no ver cumplido su sueño de recibir la visita de Santa Claus en la navidad y observar su entorno con crudeza a lado de su caballo de palo, quien funge como amigo, protector y consuelo a la vez.

Es una letra que exhibe la pobreza, que no tiene más remedio que seguir las directrices culturales impuestas desde el exterior, que se ve afectada por las decisiones de carácter económico implantadas por el estado y por las élites; es una letra que muestra la frustración y el dolor de un infante al no entender las razones de dicha pobreza: “Con éste viejo caballo de palo … seis navidades con él he pasado, di papá ¿por qué?”

 

Un niño no está para entenderlo todo, sino para vivirlo todo; es el caso de la canción “Vamos a jugar” interpretada por Lorenzo Antonio y su Grupo, integrado por sus pequeñas hermanas, aparentemente escrita por él mismo. La canción habla acerca de la alegría que suscita en el espíritu de un niño el jugar y vivir para ser feliz. Vamos; la vida se trata de ir a divertirse cuando no se tienen carencias ni limitaciones de ningún tipo. Ningún niño en la faz de la Tierra debería padecerlas.

Lorenzo Antonio era un talentoso y carismático niño que tenía formación musical y artística desde muy pequeño; de familia acomodada y con miras a lanzarlo a la escena musical de grandes alcances, evidentemente su realidad es muy distinta a la enunciada por Juanito Farías. El talento de los dos niños no se pone en duda, la polémica recae en la forma en que se dieron algunos hechos curiosos, que aparentemente influyeron en el resultado final.

En la interpretación de Lorenzo Antonio, se hace gala de un show montado con coreografías e instrumentos en tiempo real, luciendo un gran carisma por parte del intérprete y su pequeño grupo de bailarinas; sin embargo y tomando en cuenta testimonios de adultos que en su momento presenciaron el show en carne propia o a través de la televisión, comentarios en redes y en foros, se reclama que en dicha interpretación se hace uso de la simulación musical también conocido como “play back”; al observar detenidamente el video, en algunas partes de la canción es evidente la desincronización de la música con la gesticulación del niño cantante y su grupo, con los instrumentos y resalta además el hecho de que no hay micrófonos ni cables conductores visibles. Es arriesgado afirmarlo, pero todo parecería indicar que no están cantando en vivo.

 

El caso de Juanito Farías es emblemático, porque su interpretación va de la mano con el contenido de la letra; sin elementos suntuosos, sin show, sin mayores recursos que su expresión corporal, su caballo de palo, un niño mestizo, desaliñado, sin vestuario imponente o dicho de otra manera; muy sencillo; sacado de un pequeño pueblo rural, cabizbajo, estático y con profunda tristeza en la mirada, hace del dolor una canción. Con micrófono abierto, el sentimiento es llevado por las ondas sonoras conmoviendo al público presente y levantándolo de sus asientos; su interpretación en vivo queda fuera de toda duda cuando, por error (o quizá casualidad) el audio falla, dejando a Juanito sin pista; sin contrariarse o distraerse, continúa su participación a capella, logrando una ovación por parte del respetable. Se presume que el incidente de la falla del audio fue un boicot para provocar una pifia que supondría su virtual eliminación del certamen y no generar discordia en el triunfo de Lorenzo Antonio, hecho que no está comprobado pero que sin lugar a dudas despertó grandes suspicacias por parte de los espectadores en el lugar de los hechos y por quienes lo vieron en la transmisión.

El tema de la votación sirvió para incrementar los cuestionamientos en referencia a la honestidad del certamen, debido a que al momento de sumar los votos, Juanito Farías, terminaría en el último lugar del concurso, por debajo de los nueve concursantes restantes. El ganador indiscutible para el jurado, integrado también por niños cantantes, determinó el primer lugar para Lorenzo Antonio. Es de llamar la atención la actitud indolente de algunos de los jueces adultos, que son altos ejecutivos de las estaciones de radio más sintonizadas de la época, quienes dotaron de calificaciones bajas a los niños participantes, incluyendo a Juanito Farías.

El público asistente y el televisivo consideraron éste asunto como un robo al verdadero ganador del concurso, inventando popularmente el título de “ Campeón sin corona ” para Juanito Farías; tan poco transparente y convincente fue el resultado que el mismo Raúl Velasco tuvo que intervenir en su calidad de director del festival y sacarse de la manga un título honorario, que a su consideración era para el mejor intérprete del evento. Así, se le entregó a Juanito Farías una medalla y unas palabras que quedaron inmortalizadas en la grabación televisiva. Nada más.

 

Así, una vez más, la sociedad mexicana ve cómo se pierde con dignidad; en el box, en la caminata, en el futbol, en las elecciones, en las canciones infantiles; el medio apuesta a la desmemoria. ¿Cómo pretender premiar una canción cantada por un niño de bajos recursos, que rememora al pobre, quizá el “indio conquistado”, triste y asoleado? ¿Por qué el medio de comunicación en contubernio con el gobierno habrían de reconocer la pobreza que nunca han querido reconocer? ¿En qué momento se le ocurre a los organizadores enaltecer la carencia de una sociedad maltrecha, como una realidad colorida y vibrante, y menos en ese momento que los tiempos del progreso neoliberal y globalizador están por llegar?

El recuerdo del “ Campeón sin corona ” y su “ caballo de palo ” podría parecer un asunto frívolo y sin importancia, pero en mi opinión podría explicar muchas cosas. Es impensable para el régimen aceptar que el régimen no cumple. La nación mexicana es una cohesión única y bien lograda; ese ha sido el discurso enarbolado por el oficialismo. El modelo de felicidad es el enunciado por Lorenzo Antonio, en donde se vende el espejismo aspiracional de la claridad de piel y de clase, la sonrisa ante la vida y la felicidad que todo ser humano desea, incluyendo el mexicano. Los medios de comunicación no discuten la pobreza, la esconden. Ante la creciente vorágine comercial, mercadológica y especulativa, hay que vender felicidad, hay que inventarla donde no la hay o cuando menos aparentar que se vive inmerso en ella.

Lorenzo Antonio se ganó un contrato discográfico y una carrera musical. Se hizo de un nombre hasta finales de los años ochenta y con su talento colocó varios éxitos comerciales en la radio. Juanito Farías, se llevó su medalla a casa y de poco le habrá servido ser el mejor intérprete del primer festival de la canción infantil “ Juguemos a cantar ”; no se supo más de él, al grado de que no hay manera de localizar información de su paradero*. Entre tantos rumores, ninguno queda claro y evidencia su completa desaparición de la escena pública.

Hoy, año 2015, con el dólar por las nubes, el neoliberalismo como precursor de la pobreza, el desempleo, el petróleo ahora en manos de privados y ya no del Estado; debacle económica y la creciente violencia en varios estados de la República, el discurso oficial no solo no ha variado, sino que el cinismo, la desvergüenza y la insensibilidad es característica de la clase política y empresarial mexicana. “Es cansado” para el gobierno dotar de justicia a padres de estudiantes desaparecidos; es imprescindible para el gobierno “superar” el dolor de perder un hijo; para el partido oficial, el PRI, el mismo que llevó a México en 1982 a una debacle económica, la cantaleta es la misma: “Vamos hacia adelante en vías de progreso” y en la televisión son los rubios en un país de mestizos, los ricos en un país de pobres y los bonitos (por aquello de los rasgos europeos) en un país de “feos” (por aquellos de los rasgos indígenas), los que le cantan a la felicidad y a la alegría que conlleva el ignorar el estado real de las cosas. Siguen siendo los programas de concursos, los musicales, los de revista y los noticieros los que muestran un México inexistente, indolente, desmemoriado y resistente a los madrazos.

*27 de marzo de 2018

Buscando nuevamente información sobre el intérprete infantil Juanito Farías, después de 3 años de haber redactado el texto anterior, me encontré con un par de fotos de Juan Farías del año 2016, en la cuenta de Twitter de Salomón Chertorivskyi, el cuál lo encontró trabajando como carnicero en un mercado (no se especifica en cual) como una persona más.

2 comentarios en “Juanito Farías y la crisis en su caballo de palo

  • el agosto 20, 2018 a las 11:48 am
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    Excelente tu trabajo!. Felicidades.

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    • el agosto 20, 2018 a las 6:43 pm
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      Muchas gracias Gabriel, seguimos trabajando para generar más contenido parecido. Quédate con nosotros para recibir más artículos.

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