Libro análisis: El Laberinto de la soledad, de Octavio Paz

Por Carlos Alberto Avila Peña

 

, célebre poeta, ensayista, diplomático y escritor mexicano, ganador del Premio Nobel en 1990, es considerado uno de los más importantes e influyentes intelectuales del los últimos 100 años en México. De entre su vasta y prolífica obra, es la más reconocida. Se han hecho diversas interpretaciones y análisis de dicha obra, y en Letras Activas deseamos contribuir también con nuestro propio análisis.

 

El Laberinto de la Soledad

El pachuco y otros extremos.

Paz, siempre desde afuera, analiza al pachuco como un ente sólo; el pachuco se sabe sólo en tanto es diferente, ya que no se siente mexicano, pero tampoco norteamericano. Para el autor, el pachuco es una vergüenza de lo que representa la y comparar sus errores con los aciertos de los gringos. A pesar de la crítica que hace del norteamericano, el pachucho representa materialmente la transición de la niñez a la adolescencia, cuando éste se siente arrancado de su seno materno y se le desgarra la identidad.

Es la historia de México la que explica el origen del mexicano; en donde a partir de la independencia se le despoja de su ser. Queda prendado del sentido religioso característico del México prehispánico y de la colonia. El mexicano tiene un complejo de inferioridad, pero al mismo tiempo no lo tiene, ya que en su soledad rompe las reglas, se siente seguro en la fiesta, pero regresa a su estado al ceñirse a su habitual soledad.

.

Las máscaras son las distintas caras o facetas del mexicano. Las usa para protegerse. En lo personal, la más dramática es la máscara del sufrimiento en silencio, la de la digna derrota. La historia de México y las agresiones desde el exterior, se conjuntan con el mexicano desarraigado y explican cómo vemos lo exterior como amenaza. El rajarse ante la amenaza implica traición, entonces está prohibido el que se raja, puesto que el rajón pierde hombría y eso es un problema en un mundo machista.

Otra de las máscaras mexicanas es el lenguaje para ocultar las verdaderas intenciones; el albur y los eufemismos sirven para dar a entender, pero sin ser claro; el caso del albur es paradigmático, porque el doble sentido, el fuerte carácter sexual y el engaño, son una muestra de ingenio, pero a la vez de agresividad ante lo extraño. Es una protección más en forma de máscara.

 La figura femenina se encuentra supeditada por las necesidades del macho mexicano; la mujer es en tanto el macho le permite y su valor dependerá de las posturas que adopte la mujer ante la vida: la mujer pasiva, abnegada y de la casa es valorada por lo que puede ofrecer al hombre; la mujer activa se ve con desdeño y rechazo, no representa el ideal clásico de la mujer mexicana y puede representar un peligro para la posición representativa del macho mexicano.

Todos santos, .

El mexicano, en sus contradicciones, al no vislumbrar un futuro, para el tiempo en el pasado; festejar a la muerte es una de sus facetas. La fiesta es y será uno de sus refugios predilectos. La fiesta es el único lugar en el que se siente seguro. Es el lugar en el que realmente se deja ser él mismo, y se despoja la máscara.

El único lujo que tiene el mexicano una vez al año son las fiestas; es la mejor razón para aparentar lo que no es y presumir lo que no tiene, porque al final, la apariencia es lo que importa. Entre tanta miseria, es la fiesta el cobijo de su ser. Es la oportunidad de encarar a la muerte y a la vida de forma envalentonada, al calor de la embriaguez y de la euforia, se burla de todo y de todos en su día de jolgorio, aprovechando la oportunidad que no se le presenta el resto del año.

La muerte es la reconciliación ante la vida; desde los antiguos mexicanos se festejaba a la muerte como antesala del vivir; solemne y dadora de pureza, la muerte ya no significa lo mismo para el mexicano, ahora se le teme, pero se le venera. El día de muertos es la fecha para traer de vuelta a los seres queridos, pero al mismo tiempo es para estacionarse ahí con ellos, aunque sea de manera temporal, a fin de recrear un lapso en el que el tiempo se ha detenido, puesto que el futuro no es nada promisorio.

Los hijos de la .

El capitalismo ha despojado al hombre de su individualidad, ya que lo engloba en una masa en donde todos los trabajadores poseen las mismas condiciones de explotación, la humanidad se degrada hasta su última expresión y el talento se pierde en tanto el hombre no consume lo que produce y sólo enriquece al inversionista; ya no piensa para sí y por sí mismo.

El mexicano de la modernidad atraviesa éste mismo problema del hombre mundial, pero particularmente se hace más difícil porque el mexicano arrastra problemas más graves de antemano, como la pérdida de identidad a raíz de la independencia y la reforma del siglo XIX y los traumas o heridas permanentes a causa de las invasiones francesas y norteamericana. El mexicano ya no se atreve a ser sí mismo. Hemos sido rajados por los extranjeros y eso es imperdonable.

El mexicano sufre un problema dialéctico al encontrarse en medio de entre ser hijos de una madre rajada, pero también el ser chingón. La madre representa lo más sagrado para el mexicano, pero su historia le condena, al ser hijos de una civilización rajada y abierta desde los conquistadores españoles. La defensa que cuenta es dejar de ser hijos de para convertirse en chingón.

La chingada es la madre violada, abierta, rajada; todo aquel hijo de la chingada está condenado al provenir de una madre que ha perdido la pureza característica de la madre mexicana, son los traidores, los rajones, los verdaderos hijos de la chingada, los malinchistas. Y México también está lleno de chingones, aquellos que venden hasta a la madre con tal de obtener beneficios y favores y ejemplifica a los políticos, que inescrupulosamente se alían al poderoso, al corrupto, al vendepatrias y que siguen violando a nuestra madre, que es México.

Conquista y Colonia.

México es el resultado de una unión entre lo español y lo azteca. Se contextualiza el pasado mesoamericano, ya en su periodo posclásico cuando los mexicas se han convertido en el señorío más poderoso del Valle de México, conquistando, dominando y tributando al resto de los pueblos de la región. Los aztecas se han convertido en el enemigo a vencer en toda la zona del centro y más allá. A la llegada de los españoles y la posterior derrota mexica, el resto de los pueblos se han unido para derrocar el poder mexica. Las profecías se han cumplido.

Por otro lado, España es una nación medieval que no tuvo ningún otro mérito más que el de haber descubierto y conquistado estas tierras, eso fue la que la puso en el mapa renacentista europeo. Ante la caída mexica, el mexicano de la época, los indios, se ven desamparados y huérfanos de identidad, abrazando al catolicismo como su nueva madre, empatizando con el dolor sufrido por Cristo en la cruz, se ven a sí mismos reflejados en dicha imagen icónica del catolicismo.

Así, la Nueva España se construye solamente con los restos de una cultura española, no hay nada que dote de originalidad al mundo novohispano, con excepción de Sor Juana Inés de la Cruz, la cual es señalada por Paz como la única gran intelectual de la época, su sabiduría, su sapiencia y brillo, la hacen la figura más representativa de la colonia, pero a su vez su condición de mujer, de religiosa y de intelectual la condenan a la soledad.

De la independencia a la revolución.

Tras la larga guerra de independencia, se busca crear un Estado moderno, pero sin tocar las bases del poder y de la economía colonial. Todas las ideas y propuestas que desembocan en luchas internas, provienen de Europa o de Estados Unidos. Caen los primeros caudillos de la revolución, Hidalgo, Morelos, Mina. En España los liberales toman el poder y el conservadurismo novohispano ve peligrar sus intereses. Las ideas revolucionarias francesas se tratan de imponer a una realidad y en condiciones diametralmente distintas y sólo crece el caos político, creando leyes a manera de las europeas. La administración es pobre y no hay acuerdos políticos de ninguna naturaleza; cae el imperio de Iturbide, además, los únicos que buscan beneficiarse de los cambios son la clase alta terrateniente y los restos de la aristocracia local; los indios y las clases desposeídas no son tomadas en cuenta. “La mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente” comenta Paz.

El resto del siglo XIX, es convulso y complicado. La aparición de una burguesía nacional, es quizá para el autor, la única salvación que podría haber tenido la patria en esos días, pero el problema recrudece cuando muchos años después, la Reforma termina por despojar, a manera casi definitiva, al único vínculo que el mexicano tenía con sí mismo y con el mundo: la religión. Las leyes de Reforma, al promulgar la separación iglesia del Estado. En medio de una creciente clase terrateniente y de un México rural, paradójicamente se trata de crear un México moderno industrializado. Las constantes disputas por el poder no han provocado el crecimiento nacional en ningún sentido. La revolución mexicana tampoco logra éste propósito. Me parece que el autor se contradice en varias ocasiones al despojarle a la revolución de toda virtud, pero al mismo tiempo páginas más adelante, argumenta que será la revolución la que cree las condiciones de un México creciente y como el punto de partida para la construcción de una nación moderna con identidad propia. La génesis de México se remonta a la revolución.

Continúa la lectura aquí, parte 2

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.